Últimamente vuelvo a escuchar mucho hablar sobre el trabajo en red. Aparece como si se tratase de una nueva moda, esto me recuerda a como cuando (algunos de nosotros/as) éramos pequeños y aparecían de manera cíclica las canicas, los cromos, los calendarios,… Parece que tenemos un nuevo retorno a hablar sobre trabajo en red, como si fuese una novedad dentro de nuestra práctica diaria.

Realmente, el trabajo conjunto con otros profesionales debería ser una constante. No algo pasajero, si no algo que define la forma de acompañar a las personas. La base de acompañar es poner a la persona en el centro sabiendo que no somos los únicos referentes, teniendo claro que facilitamos y activamos recursos para que la persona pueda desarrollarse y que si no lo hacemos desde una perspectiva sistémica nos faltaría otras miradas que no nos dejaría entender a la persona en su totalidad.

Hablar de trabajo en red o de trabajo interdisciplinar hace que tengamos que tener en cuenta a otros profesionales o agentes sociales, valorando el papel que representan. Esto parece una premisa esencial pero no es tan descabellado pensar que nosotros, como personas que tenemos una visión más holística, somos los que tenemos la razón o que entendemos mejor el proceso de la persona, creyéndonos imprescindibles y por tanto con mayor autoridad para liderar el proceso. En ese momento el trabajo deja de ser conjunto y comienza a ser una forma de aprovechar a los profesionales o agentes sociales que hay en el entorno para poder desarrollar nuestro propio plan. Esto hace que el concepto de trabajo en red cambie y se convierta en trabajo usando la red. 

Esta forma de entenderlo hace que las personas implicadas cada vez se vayan siendo menos valoradas y se vayan desmotivando, quedando en encuentros donde lo políticamente correcto hace mantener la participación que, pasando un tiempo, se va diluyendo.

Al final es un planteamiento de trabajo desde una perspectiva, departamento, servicio o ámbito concreto que trabaja desde unos objetivos propios sin importar los comunes que aporta acompañar.

Trabajar en red va mucho más allá, no debemos olvidar que las redes las componen personas y a estas personas se las debe cuidar. Se entiende el cuidado como valorar a la persona en sus funciones, sus formas de hacer y sus planteamientos, sabiendo que tienen un mismo valor que el resto de agentes sociales que entran en juego en la red.

Las redes funcionan si, además, se tiene claro para que se quiere trabajar en red, hacia dónde se camina. Sin objetivos comunes es muy complicado que una red pueda desarrollarse, ya que los objetivos de cada elemento de la red pasan a ser los prioritarios y muchas veces estos suelen estar ocultos.

La confianza en los profesionales que están en la red hace que se pueda trabajar de manera conjunta. Es muy complicado querer elaborar alguna cosa conjunta cuando las personas con las que se tiene que crear no confían entre ellas.

Trabajar en red es trabajar con las profesionales y agentes sociales que están cerca de las personas a las que acompañamos, desde la confianza, el respeto y la valoración positiva, con objetivos claros, donde la persona se convierte en el centro y razón de la red. Es crear redes con otras personas a diferencia de las arañas que las tejen, por supervivencia, para ellas solas.

 

Roberto Pescador Fernández de Larrea

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