Puedo decir que soy un gran afortunado y más este año que durante casi un mes he podido recorrer otro país bien lejos de mi casa.

La verdad es que mi viaje no ha sido nada místico, ni me he encontrado con  nadir que me aporte una luz espiritual diferente. He descubierto un país y lo he hecho primero como guiry y con el tiempo como observador que entendía más lo que pasaba a mi alrededor.

Un dato curioso es la tranquilidad con la que se toman las cosas. Tú puedes ir corriendo a una tienda para coger algo rápido y tu rapidez queda en un segundo plano, ya que la conversación que está manteniendo el dependiente con una mujer necesita más tiempo que tu propia compra. Este no es un hecho aislado, sino que fue una constante en todo el viaje y en todas las regiones.

Como anécdota puedo explicar que un día entré en una tienda a comprar una botella de agua y  la dependienta estaba ayudando a su hijo a leer. En el momento de pagar, levantó la mano y sin mirarme dijo: “Philippines Time”. Pasados 15 minutos pude pagar el agua.

A la noche, en la cama, reflexioné sobre lo que me había pasado. Cuantas veces queremos que las cosas pasen rápido o hacer que el resto den unas respuestas para las cuales todavía no han tenido tiempo ni para prepararse porque están haciendo otras que son más importantes. Cuantas veces queremos marcar el ritmo de una relación educativa y lo que hacemos es atropellar al otro porque está en otro momento. Parece que el hacer y dar respuestas nos lleva a un ritmo frenético que hace que no podamos dar ese ritmo pactado.

Otra cosa que pensé, fue que gracias a parar, pude ver y descubrir cosas que en mi carrera por comprar agua me hubiese perdido.

Debemos dar el tiempo adecuado e indeterminado que el otro necesita. Como educadores sabemos que nos toca manejar los tiempos institucionales, de proyectos, de cursos,… pero también somos conscientes que tenemos dar el tiempo personal y necesario para persona a la que acompañamos. Me di cuenta que la ansiedad es solo un medio de presión que ponemos pero que es personal y egoísta y nos lleva a empujar las relaciones que necesitan su dedicación y tiempo.

Realmente pensar en “Philippines Time” es hacerlo desde el cumplir todo lo que se debe hacer pero desde una tranquilidad de que se va a llegar.

Por tanto, (a ver si lo conseguimos) Philippines Time para este nuevo curso.

Roberto Pescador és educador i tècnic de joventut