¿Hombre? ¿Mujer? Al final da igual si en una pareja educativa sois dos chicos, dos chicas o mujer y hombre. Al final te das cuenta que lo que se necesita es tener al lado una persona que sea tu tercera pata, a veces la segunda, o incluso la primera cuando tú estás bloqueada y nada funciona. Vas a estar trabajando y esa va a ser la persona con la que lo vas a compartir todo. Trabajas acompañando a jóvenes, y tratas de llevar, además de tu propia vida, las vidas enteras de un montón de adolescentes, que como profesional intentas no llevarte a casa, pero es inevitable, a veces siguen en tu subconsciente. ¿Con quién compartes eso? Tus dudas, tus miedos, tus objetivos… Pues con tu compañero.

Y es que al trabajar con adolescentes hablamos de ese “referente” que necesitan ellos y ellas para su proyecto de vida, pero, ¿y nuestro referente? El que necesitan muchos profesionales, ¿quién es? En mi caso, puedo asegurar que ese referente que necesito es la persona que trabaja a mi lado. No sólo los y las adolescentes tienen la necesidad de tener un referente. Todas necesitamos alguien que nos refuerce en lo que hacemos, y que entienda el porqué; y la verdad, es que a veces, esa persona que trabaja a mi lado es la única persona que nos entiende.

Al fin y al cabo, ¿cuántas horas al día compartes con ella? Quizás más que con tu propia familia. Y lo difícil de esto es que no siempre tienes la oportunidad de construir un vínculo con quien aparece por la puerta. Puedes poner todo tu empeño en que surja una buena relación profesional, pero, al igual que cuando lo hacemos con los jóvenes, la confianza no se da, la confianza se construye también entre los dos profesionales. Cuando no hace falta decir nada más porque con una sola mirada, un solo gesto, ya se ha entendido; cuando vas a hablar y tu compañero quiere decir lo mismo; cuando parecéis sólo uno, en vez de dos. Es ahí cuando te das cuenta que puedes contar con esa persona, y todo fluye. No hace falta dar explicaciones, no hace falta ni verse por el despacho, porque a veces tienes tanto trabajo que no te ves en todo el día; pero de eso se trata la confianza: aunque el otro no esté cerca, sabes que está. Por eso es tan importante cuidar esas relaciones, cuidar a la pareja educativa. Hacer un vínculo fuerte con esa persona, porque en el momento en que eso no existe, tienes la sensación de sentirte perdida. Quizás, igual que se sienten nuestros jóvenes cuando no saben a dónde ir, a donde mirar o cómo hacer que su vida tenga un sentido.


Cristina Tiana és pedagoga social i educadora en medi obert