desert-1270345_960_720Cuando arrancas un proyecto, siempre quieres tener una buena entrada. Aún más cuando hablamos de adolescentes, ya que tenemos un miedo atroz a que se marchen y no vuelvan o a que se decepcionen tanto por el cambio de personas referentes que sea imposible poder estar con ellos y ellas en la misma habitación.

Muchas veces se nos olvida que realmente estamos  creando una relación conjuntamente y que esta relación es bidireccional. No depende solamente de una persona, si no de las do, ya que la relación se construye entre todos los implicados.

Que nos pasa cuando pensamos en clave de recurso? Es fácil que durante la creación de vínculo, o cuando hay un cambio de referentes,  si los/as jóvenes desaparecen, se viva como una derrota, como un mal hacer el trabajo, como un fallo que hay que paliar para que el o la joven vuelva. Esto se vive de una manera muy trágica, como si fuera algo imperdonable, llegando a cuestionar la profesionalidad o la ética profesional.

¿Pero qué pasa si este mismo hecho lo pensamos desde el o la joven, desde un acompañamiento extensivo? El planteamiento cambia, ya que nos damos cuenta que el o la joven se encuentran delante de un cambio vital. Sus referentes han cambiado y tienen que resituarse dentro del sistema. Al entender esta situación, se puede mirar a la otra persona con respeto y temporalidad, se le puede dar el tiempo necesario sin tener que sentir estrés por el hecho de que no se encuentre aún en el momento de iniciar un nuevo vínculo.

Acompañar extensivamente implica mirar más allá, más lejos de lo que vemos o de cómo lo vemos, ponerse las gafas del otro para entenderlo y respetar sus tiempos.

Si situamos a la persona y no al equipamiento, servicio o proyecto, como centro, nos daremos cuenta que es un todo con su realidad, que la compartimientacion la hacemos nosotros, esperando poder ordenar la vida del otro. Pero en el fondo sabemos que el orden real lo hace la persona.

Los y las adolescentes, cuando nos conocen, a nosotros, sus nuevos referentes, tienen que irse. Ellos también hacen un duelo por el cambio, ellos/as también tienen que resituarse, ellos/as tienen que crear una nueva relación de confianza y cercanía. Por tanto, relajémonos y dejemos que se vayan, que salgan. Seguramente nos podemos llegar a sorprender de las nuevas historias que comienzan.

Roberto Pescador és educador i tècnic de joventut