Per Roberto Pescador.

Por circunstancias del destino estoy en un momento de tránsito. Tomé la decisión de cambiar de trabajo ya que llevaba casi una década realizando las mismas tareas y de manera vital necesitaba evolucionar.

Cuando tomé la decisión todo parecia sencillo a nivel laboral; iba a un puesto mejor, con un proyecto por explorar, con compañeros nuevos, nuevos retos,… Pero si analizo a nivel personal el coste… es otro cantar.

En el momento que dejé de racionalizar la situación y la parte afectiva salió a flote, me encontré una realidad distinta. Todos aquellos/as adolescentes con los que había pasado infinidad de horas, viviendo miles de situaciones y acompañádolos en sus procesos de crecimiento, me vinieron a la cabeza. Es mucho más fácil dar la noticia a compañeros de trabajo que a los que llamamos “sujetos de la educación” de manera teórica.

Según me iba encontrando a los y las jóvenes y explicaba que me marchaba, los ojos se me iban enrojeciendo llegando a llorar en muchas ocasiones.

Lo que me sorprendió fue la pregunta directa después del asombro: ¿Por qué?  Resulta complicado explicar que cambias por necesidad personal sin sentirte egoísta, mientras que el siguiente comentario era “pero… no te olvidaras de nosotros ¿no?”

Aquí es donde como educador te encuentras cara a cara con el vínculo. Los y las jóvenes se sienten tristes pero tú como educador, desolado, tanto que te hace dudar de si realmente estás tomando la decisión correcta.

En este momento te das cuenta de que el vínculo es bidireccional y que cuando más cerca estas de una persona, esa persona se encuentra a la misma distancia de ti. En este momento donde, de manera teórica, la relación educativa parece que se acaba, te das cuenta que gracias al vínculo, se transforma. Por el hecho de que la persona desaparezca no implica que no continúe estando presente o pueda realizar acompañamiento socioeducativo. El cambio viene delimitado por la no presencia en los escenarios porque el vínculo hace que todo pase a un estadio emocional.

Cuando se habla de la distancia profesional, con el vínculo educativo eres consciente que no existe como tal. De hecho los educadores de calle de Lleida hablan de la proximidad adecuada, que define mucho mejor la cercanía desde la cual el vinculo educativo se hace presente.

Realmente, como educador, ahora soy más consciente de que acompañando también te están acompañando a tí y que el proceso de la educación es compartido cuando lo pensamos y vivimos desde el otro y con el otro. La presencia es importante en momentos de creación del vinculo educativo, ya que sin él es muy complicado acompañar extensivamente.