Per Elena Aycart (Programa Municipal d’Intervenció Socioeducativa en Medi Obert a Irún)

Una duda… pero… ¿Cómo os acercáis a los-as adolescentes?…”

La gran pregunta a la que todo-a educador-a de calle ha tenido que enfrentarse innumerables veces a lo largo de su experiencia profesional y a la que se responde de innumerables maneras según quien, donde, cómo y porqué haga la pregunta. La mayoría de las veces la contestamos desde las estrategias que forman parte de nuestra metodología, olvidándonos que lo que esconden esa pregunta y esas respuestas es mucho más profundo de lo que aparentemente pudiera parecer.

El desconocimiento, el interés y a veces también la desconfianza de las otras personas adultas con las que nos encontramos, han provocado que tengamos que explicar demasiadas veces lo que hacemos.

Nos hemos explicado mucho y lo seguiremos haciendo, de maneras muy diferentes, pero nos sigue quedando esa sensación impotente de que no nos acaban de entender. Cada vez que en el equipo hemos preparado una presentación de nuestro trabajo, hemos debatido sobre si enfocarlo más desde elementos técnicos o más vivenciales. Suele variar en función del público al que nos vamos a dirigir y casi siempre sale un mixto entre la exposición metodológica y los ejemplos prácticos, que por cierto no siempre encontramos los más adecuados. Con ese regusto de no haberlo transmitido todo, y que a regañadientes asumimos como misión imposible, concluimos que para la siguiente, hay que darle otra vuelta y cambiar el punto de partida, el enfoque, la estética, los ejemplos… Ahora bien, sin duda, siempre nos queda que lo hacemos con la misma pasión con la que desarrollamos nuestro trabajo y tenemos la esperanza de que si alguien la ha percibido, le habrá seducido lo suficiente como para confiar en lo que hacemos.

Evidentemente, desde criterios profesionales lo que caracteriza a un programa de educación de calle o de intervención socioeducativa en medio abierto es la metodología, por eso es lógico que empecemos por ahí. Sin embargo, quizás partamos del error de creer que el-la de enfrente ya sabe qué es un-a educador-a social y lo que hace. Entonces nos damos cuenta que lo que fundamenta a la propia profesión y la especificidad de la adolescencia confluyen en determinar que esta metodología es la más apropiada para responder a las necesidades sociales analizadas. Total, que desde este planteamiento, nos encontramos con que es posible que estemos empezando la casa por el tejado, y no es de extrañar, ya que lo metodológico puede asimilarse a la punta de un iceberg cuya base que lo sujeta se encuentra oculta.

Desde esta reflexión propongo un ejercicio de abstracción y de esencialización para intentar dar otro tipo de respuestas que se puedan acercar más a transmitir el verdadero valor de lo que hacemos. Por ejemplo ¿Qué hacemos? EDUCAR Y PROVOCAR QUE OTROS-AS TAMBIÉN EDUQUEN

Bien, pero ¿Cómo? Aquí es cuando debemos desplegar nuestra generosidad y desvelemos cuales son los trucos que manejamos para conseguir lo que queremos:

El gran secreto es conseguir ser personas de referencia a las que merezca la pena escuchar y observar porque lo que decimos y hacemos puede tener importancia. Para lograrlo, se requiere de dosis de atención, sensibilidad, comprensión, implicación, coherencia, disponibilidad, compromiso… que cualquier-a educador-a social necesita para construirse como tal.

En el caso que nos ocupa, hay que reconocer que los programas de educación de calle cuentan con una serie de “poderes” que facilitan la consecución de lo que persiguen: Omnipresencia, visión panorámica, enlace y flexibilidad

Omnipresencia

Estamos en muchos sitios y no a la vez, aunque en ocasiones pareciera que sí. Nosotros-as vamos, estamos y esperamos. Nos planteamos el sentido de estar en cada uno de los lugares, y muchas veces con el único y gran sentido de ESTAR, porque estando, suceden muchas cosas.

Visión panorámica

Como estamos en muchos lugares, la visión es más amplia que la de muchas personas con las que nos cruzamos. De esta manera nos acercamos a tener perspectivas desde varios puntos de vista y a menudo aportamos el punto de vista alternativo desde el que todavía no se ha mirado. No por ello, tenemos las respuestas a todo, pero sí, explicaciones muy cercanas a lo que pudiera estar ocurriéndole a una comunidad, grupo, familia, o adolescente.

Enlace

Como estamos en muchos lugares y logramos tener una visión amplia, enlazamos lo que debería estar conectado para que la vida en común nos fuera mejor. Intentamos ejercer de puentes entre desconocimientos, inseguridades, desconfianzas, miedos…y oportunidades. Con los-as adolescentes y también entre las personas adultas que compartimos comunidad con ellos-as y que pretendemos que crezcan lo más feliz posible; vecinos-as, miembros de asociaciones, profesionales,….

Flexibilidad

Cómo estamos, vemos y enlazamos, disponemos de la flexibilidad para buscar y encontrar las maneras, lugares y tiempos que provoquen la existencia de marcos educativos allá donde nadie diría que fuera a ser posible. Lo hacemos desde la firme convicción de que las personas adultas que llegamos a este lugar y tiempo antes que sus adolescentes, tenemos la responsabilidad de ofrecerles la mejor manera de atenderlos. No son ellos-as los-as que no encajan a lo que tenemos organizado, sino que son ellos-as los-as que nos cuestionan nuestros propios desajustes como sociedad.

Esta es nuestra manera de EDUCAR, las palabras resultan insuficientes y lo entiende quien lo vive de cerca, sobre todo ellos-as, los-as adolescentes, ¿para qué queremos más?…

Elena Aycart Carbajo és educadora de carrer al Programa Municipal d’Intervenció Socioeducativa en Medi Obert a Irún. Es consellera honorària del Consell General de Col·legis d’Educadors i  Educadores Socials